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El
obispo de Pinar del Río, monseñor
Jorge Serpa, expresó su preocupación por el entendimiento entre la
Iglesia y el gobierno de Pinar del Río en cuanto a la canalización de la ayuda a los afectados por los huracanes Gustav e Ike, informó una nota publicada por la revista católica
Palabra Nueva.
"Se nos ha pedido que cualquier entrega sea informada previamente al gobierno de cada territorio. Sin embargo, no podemos por esto frenar la espontaneidad de algunas personas que quieren y desean ayudar", dijo Serpa en declaraciones a la publicación.
En palabras del
obispo, "la gente oyó que había ciclón, lo vio llegar, lo vio marcharse, y ahora se pregunta cómo va a recuperarse". "Eso nos hace pensar, como cristianos, en una labor de conjunto, y no necesariamente partidista", agregó.
Serpa dijo a la revista que la ayuda que la Iglesia ha entregado es poca si se compara con la magnitud del problema.
Palabra Nueva informa en su nota que "la Iglesia Católica, a través de las Cáritas diocesanas, comenzó a prestar ayuda a las familias y personas más afectadas" por el Gustav.
Asimismo, apunta que "desde el lunes primero de septiembre,
Cáritas Cuba inició los envíos hacia Vueltabajo para que desde algunas parroquias y el Obispado de la diócesis se iniciara la distribución en las zonas de mayor desastre, priorizándose la entrega de alimentos y material de aseo".
La publicación refiere que "tras una evaluación preliminar de la situación en
San Cristóbal, Candelaria, Los Palacios, Consolación del Sur, Bahía Honda, La Palma y Viñales, y atendiendo a las propias demandas y necesidades más apremiantes de las comunidades afectadas, también se han enviado puntillas, velas, mantas de cubierta y carbón para cocinar".
"Existe una gran preocupación por parte de la Iglesia que comparte la tragedia desde el punto de vista humano", sostuvo monseñor Serpa, además de señalar "que en estos momentos hay muchas parroquias y casas misión damnificadas".
"Las iglesias de Los Palacios, Bahía Honda y
Viñales perdieron toda la cubierta. Sin embargo, la realidad más dolorosa es la cantidad de viviendas que hay sin techo, otras derrumbadas, sobre todo las que tenían fibrocemento porque las de placa no tanto. Eso nos hace pensar en la necesidad de —con lo que tenemos— buscar soluciones constructivas más seguras; estamos en el mismo medio del Caribe y los ciclones nos van a seguir azotando", destacó.